El extranjero Habita en estas gentes un humor de suerte cambiante, retraído, reservado, con algunos rasgos de desconfianza esquiva. No deja la belleza de ser belleza, simplemente dejamos de verla, la miramos pero ya no la vemos, ya sea por hastío, costumbre o cansancio. A mí que he decidido ser el extranjero, me maravilla cada roca, cada puesta de sol , los colores cambiantes del atardecer y la inmensidad azul del mar que a veces permanece inmóvil y otras se agita en convulsos temporales, en los que el azul y el blanco batallan sin darse tregua. Lo que he decidido que para mí sea nuevo, para ellos es costumbre y esa costumbre, negada a renovarse, mata, aniquila silenciosamente la capacidad de disfrutar con ...